Menorca, finales de julio

Vuelvo a mis viejos diarios y me aterra encontrarme con mi antigua grafomanía. Escribía sin grilletes y con una falta de pudor que rozaba lo insensato. Y lo que asusta es que toda esa copiosidad e incontinencia hayan desaparecido. Y cómo he perdido, también, el hábito de la metáfora. Esa prosa juguetona sobre la que tantas promesas me hice (y me hicieron) agoniza hoy, frígida la lengua rompe en sollozos secos. Antes conejitos, una fiesta del hablar por hablar, hoy burbujas de ceniza que a duras penas consigo hacer romper en la orilla de la boca. Voy por este andar el tiempo que es un cegar uno a uno los muchos pasillos del laberinto y me pregunto en qué doblar la esquina desbaraté mi talento. Yo que hacía fueguitos con un chiscar los dedos y alimentaba su hoguera entre la pequeña caverna de mis manos de solo susurrarles tontas brujerías. Y creo, al cabo, que la vida es un juego que, cuando se pone uno a jugarlo en serio, pierde toda la gracia.

Solvencias

La poesía destruye la prosa
la prosa el verso
la academia ataja la metáfora
la consecuencia disuelve el vuelo
la ideología encorseta la lírica de lo impensado
“Tengo [treinta] años.
También mis ojos tienen [treinta] años”
Cada palabra erige una frontera
y aun así…

Roto

Así en la ciudad las ciudades
como llenas de ángulos
espejos / puertas giratorias
calles de escuadras techos
quebradas cayendo cayendo
banqueros, digo, vergüenzas
rotos los
versos los cuerpos decía
y Broadway como una tijera extendida
un hombre sostiene un cartel que dice
“Broke”
y no dice otra cosa
dice roto
o quebrado
y en Baires uno
a otro que pide y no dice nada
le dice
¡Salí, negro roto!
en mayo avenidas
los cuerpos de Evita
que vuelven deambulan
de verde banderas al cuello
que gritan
se rompen
la voz las mujeres
vomitan – borrachas – alegres
“Quebraste” se dicen
Banderas balcones colores
donde hace memoria la muerte
Madrid de felices cadáveres
viniendo y viviendo, bebiendo
“Me parto”, se dicen
los gatos, las gatas, les gates
riendo
Se rompe el dinero o se quiebran las gentes
me parten, se parten, by breaking the silence
en mudos carteles los mundos del aire

Mira, está nevando
Te regalo la nieve de mi ventana
la ventana y su imagen por donde
se desgrana el aire de su espuma
como las cuentas de un rosario
como pequeñísimas uvas de sal
como estos copos que a ratos no saben caer
y se alzan, o flotan detenidas frente al vidrio
Mira, dicen que a la nieve doesn’t give a soft white damn
whom it touches,
mejor quédate con esa sensación de cielo en la cara
porque, aunque no pesa la nieve, duele guardar la lluvia

Naranjas, había.
Naranjas.
Y a veces azahar.
Y las gentes andaban
bajo un cielo verde de planetas soleados
hasta que les llegaba el hambre
Alargaban las manos para tocar con
los dedos los astros
que se les derramaban por la comisura
como ríos de bronce
y de óxido
Pero llegaron los hombres de los mil brazos
ramplones
a hacer de naranjas dulces de azúcar
y les colgaron letreros de albura
con números de una sola cifra
a veces de dos
Entonces, naranjas en las calles
y dulces de naranja en los puestos de las calles
Al principio las gentes creyeron entender
felices, variadas, naranjas para el hambre
dulces de naranja las tardes de los viernes
El árbol nudo
Y un repiqueteo de van y vienen
las monedas de cobre tocando a muerto en los bolsillos
Cae de bruces en la plaza el primero de los enfermos y un rayo
de sol salvaje se abalanza con inquina sobre el surco
que ha dejado en el cielo verde la más temprana traza de la escasez
Mas no lo vieron las gentes que
por entonces
hacían ya hilera a las puertas de abril

El deshielo

Sucede, más o menos,
casi siempre igual
Primero
el calor de julio seca el agua de los embalses
que se apantanan, menguan,
desaparecen y ya es como si
Mira los peces boqueando
Deja en su lugar la memoria seca
de la tierra las caricias se escaman como si
nunca, el polvo haciéndose colonia sobre
las hojas del olivo
Después la nieve ¿recuerdas la nieve?
besando delicada los cristales, sobre el
viento siluetas, la tormenta quería emular
figuras de animales, cuerpos de hombres,
hechizos, mitologías
Y luego el silencio, porque el viento calla y deja
una calma sin lenguaje, cero absoluto,
en la que toda aspiración romántica hiberna
quedísima, entre las rosetas, como una cesura
demasiado larga,
la prisión del hielo sobre sí mismo
allí late la muerte muy débil tu recuerdo
azul ya por entonces ajeno
como si nunca
Y al final, si es que hubiera un final en este
tránsito de circunferencias,
truenan las crestas de las montañas glaciares rotos
y un reguero de palabras que llegan. Al principio,
Goteando    Intermitentes    Como   Disparos   Pequeños
pero pronto en torrente anegando salones y
arrozales mojando los libros que se hinchan como
esponjas haciendo fiordo en la parte baja de
las ciudades y cascada en los rooftops donde
se desperezan del frío las niñas, las amantes,
las primeras golondrinas
Una brizna de pasto, un charco
una grieta abierta en la marisma
y entonces, amor, revoluciones amor,
quiero decir, amor, quiero decir, revoluciones
sí. Como nunca

Altiva, como las más de las ciudades
tumbada contra su espejo el desierto, la noche
Esa forma de temblar la luz y caer desbaratada sobre los cuerpos
hasta convertirlos en paisajes extrañados
Al final del día
tormentas eléctricas sobre el llano
la mochila ligera           las manos simples
la amorosa agresividad de las luces que insisten
Así rebosa el vacío

*Este mural, titulado “Hero of the day” fue pintado hace un par de semanas en el Downtown de Las Vegas. Su autor, Sebas Velasco, amigo, antiguo roomate de convento y compañero en la senda del arte y las listas de reproducción punk-ground, me pidió que escribiera un texto breve que lo acompañara en las redes. Este es el resultado, después de una semana de desierto, burlesque posmoderno y euforia capitalista.