Pequeño es el mundo de quien sabe
que solo puede estar a un tiempo en un solo lugar
En el límite del cuerpo se consuma mi condena
y la libertad toma su forma
Yo soy mis barrotes, pero entre los barrotes quizá
la piel, la exhalación que hoy nos espanta
haga de puente y de cizalla
Ir hacia la otra y lo otro como promesa irresoluta
de un paraíso al alcance de la sangre
tan frágil
tan impotente
tan sin concluir

Somos del barro de la calle y qué
ojos de pez, mi amor de mañaneo
Me miras como desde debajo del agua
la risa floja, los dientes colgando como un puente levadizo
mis ojos rojos de matar marcianitos toda la noche
huir del día que nos busca, plaza a plaza
Nos hacemos del bien cuando de la ciudad solo queda
su oferta ilimitada de esquinas
Y ahora con la luz blanca que te estoy viendo
tienes los ojos como para hacer cabrillas con ellos en el agua
Pienso que qué hermosa está la mañana que ya es la noche y
el miedo que nos daba todo este sol que se amanece

Ojalá hubiera algo aquí mi vida
vida mía ojalá hubiera algo aquí para darte
Pero quien de la suerte se hace
no acumula sino celeste deuda
No de yo me hago lo que no hay, lo que
no tengo. Sin ser yo que los otros nos
hacen te dan me tienen lo sueltan
mi vida la vuestra que hubiera un poco de nos
con que dar amor y a cambio dar amor
y a cambio dar de Ser que todas sean
Ay mi amor mío de que con eso jugamos
al mundo, el amor, los acertijos
todo lo que suele resolverse siempre
hacia afuera

Datacenters

Salvémonos de la memoria antes de que ardan los servidores
Pompeyas de datos en el desierto del Gobi
una plaga de melodías sordas
arrancadas de sordos pianos
porquería digital calcinada bajo tormentas solares
incapaz de sobrevivirnos / estupideces cifradas
granjas de Oklahoma donde germina una Historia chueca
que creemos tallar en el aire con la punta dulce de los dedos
aguardando a la intemperie en sus tumbas de plástico negro

Escribir no el descenso de los granos de un reloj de arena que en su tormenta se agota
sino como quien en la cama de un hospital
postrada y rabiosamente enferma
mira vaciarse en su cuerpo el gotero, ajeno y frío y
dando vida a la vida que tiembla
La poesía, o más bien esta poesía que aquí escribo,
como un gesto mecánico de látex y fármacos que, con todo, nos sostiene.
Pudiera ser que en el tiempo la nada vaya pujando su terreno
onza a onza haciendo del deseo una parcela baldía y poco más,
como los golpes de ácido cada vez más tenues. Entonces el poema,
este poema, quizás pueda reparar con su artificio algo, por un tiempo,
de lo ya consumido, suplantar lo que de su belleza se nos arrebató.  

Exilio

De alguna forma sí es exilio, porque soñamos con volver y no encontramos la manera. Es exilio en lo que sentadas en las barras de los bares no sabemos hablar de otra cosa, España, Argentina, Puerto Rico… de lo que allí pasa, de lo que dice la prensa, de lo que nos cuentan las amigas y los mentideros. Es exilio si no nos cansamos de hacer planes de huida, y cuando se nos agotan los planes nos quedamos muy serias mirando al otro lado de la barra, como quien observa el mar, el ciclo migratorio de los pájaros. No es exilio, dicen, porque no hubo guerra, pero –sea o no sea– claro que sí hay la guerra, la de a diario, y el miedo, la guerra con que nos ganan el miedo de volver a quedar como salimos, con dos maletas de ropa frente a las puertas abiertas de la nada.