Brooklyn, finales de abril

I

Viernes noche en casa para escribir. He tomado la decisión taxativa de dejar de aplazar el acto de la escritura, y de la lectura. Leer en el metro, en el baño, mientras espero que termine la lavadora. Dejar de hacer cosas para escribir, como si yo misma llevara dentro al padre de Paco de Lucía. No salir, no ver pelis, dejar de lado todas esas cosas con las que me ha acostumbrado a llenarme el tiempo de vacío. Comportarme como una obsesiva, inducirme la obsesión, para terminar de una puta vez algo de lo que empiezo.

II

Viernes noche literaria, yo contra el ordena, yo contra la novela de Agnus. Yo contra mi cuento sobre Cuba. Se me acaba el whisky antes que el cuento. Juro ante este Blog Institución en la que cifro mis compromisos vocacionales, que esto no va a detenerme.

III

La clave es dejar de pensar que la vida tiene algo más interesante que ofrecer, porque no lo tiene. Y cuando lo tenga, que venga a buscarme que aquí me va a encontrar.

IV

Te buscaba para encontrar Buenos Aires, no me había dado cuenta de que Buenos Aires era yo, que ahora se derrama apaciblemente entre mis dedos hacia la noche newyorkina.

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