First we take Manhattan
Algunos iban dejando un surco de dulces lágrimas por la gran avenida
Vi las manos de una chica, apenas algo más que adolescente,
encrespadas como vides, a punto de romperse. Los ojos a gritos.
¿Quién era esa gente?
Las pantallas de sus teléfonos móviles alzadas orando a la multitud
la calzada de plata respirando brumas, recibiéndolos, aupándolos
calle arriba el azul eléctrico de los edificios haciendo eco de los cánticos.
En un andamio a la altura de la 57 andaban cinco siluetas colgadas, murciélagos
sonrientes zarandeándose sobre una colcha de cartones en los que el agua derretía
de a poco las consignas.
¿Quién era esa gente, digo, quién era yo?
Alguien corre a la otra esquina de la calle, alguien levanta los brazos como sacándose
el pullover de una modorra prolongada. Los cantos no cesan de hace horas.
Por sobre un coloso de bronce el helicóptero petardea como un arma acatarrada.
La ciudad descansa de la lluvia pero sus ríos aún descienden silenciosos la gran avenida.
One thought on “DE QUIÉN ES LA CALLE”