Brooklyn finales de noviembre

El invierno se acuesta perezosamente sobre nosotros, mientras las luces navideñas se adelantan de nuevo, brillantes e impacientes. Las entradas de este diario cada vez son más manidas y líricas, en el peor sentido de la palabra. Pero hay una retórica del clima que no debo eludir, porque encuentro que es uno de los andamios que estructuran y dan continuidad a cada uno de los exabruptos de sentimentalismo líquido que me arrastran a la mesa para escribirlos.

Con todo, Nueva York está espléndido, los bares se me abren y me devoran. El otro día una puerta giratoria me arrancó casi de cuajo la suela de un zapato. El dueño irlandés de un local amigo me prestó pegamento y medio para solucionar mi bufonesca situación. Todo el mundo conspira a mi favor, hace de estos días el paraíso de ese tipo de antirrutina a la que soy tan proclive.

Los amigos, que los hay, se preocupan mucho por mí. He creado, en unos pocos meses, cierta fama de desvalida que provoca en la gente a mi alrededor una curiosa necesidad por mantenerme vigilada, sobre todo en cuestiones de alimentación. La sensación es muy agradable. Puede que por eso, en días como hoy -domingo-, en los que me paso toda la jornada sin hablar con nadie, sea cuando se hace palpable la distancia, lo grande que es esta casa tan pequeña, lo vasto que es el océano, lo orondo de este frío que no atraviesa las ventanas por artificio de un sistema de calefacción exitoso. Pero la nostalgia que saboreo tiene un regusto dulce a objetivo cumplido, por fin soy mi dueña. Razonablemente pobre, desordenada, sabedora de una resistencia a la disciplina de leer y escribir que en algún momento me traerá episodios reales de ansiedad. Voy aprendiendo tímidamente los secretos de la vida adulta. De todas las tareas de la casa la que más odio es lavar la ropa, y el mero hecho de descubrirlo y asumirlo como otra faceta de mi personalidad me supone un triunfo.

También estoy aprendiendo, y no es tontería, a pensar con mansedumbre. Cuando llegué aquí yo manejaba con soltura un puñado de opiniones férreas que condicionaban cada palabra escuchada o leída. Ahora estoy adquiriendo la capacidad de dilatar las conclusiones, por lo menos hasta terminar el párrafo.

No hago sino crecer, a una velocidad vertiginosa, y me pregunto cuánto de todo esto se dejará retener, se asentará en algún rincón dentro de mí para quedarse y echar brotes. Mientras tanto la ciudad se va convirtiendo en un lugar menos ajeno, unas pocas calles, unos cuantos lugares, configuran el espacio recolectado por mis pasos reincidentes. Allí donde voy dos veces, puedo imaginarme cómodamente una tercera, y después de aquella dibujo una banderola en el mapa de mis dominios.

Las identidades son fugaces pero los espacios permanecen, yo no fui la misma en Madrid, Córdoba, Mahón, Buenos Aires… no soy la misma en Nueva York; este invierno es el primer invierno de mi vida pero cuántos otros idénticos habrán visto todas mis capitales, una vez, y después otra, sin cansarse nunca de ellas mismas. Me pregunto si por fin tendré que aprender alguna lección que ando rehusando en esta forma de huida que se alarga a modo de costumbre casi teológica.

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One thought on “Brooklyn finales de noviembre

  1. Al leerte, como el día que te dije por Facebook que una rubia de pelo lacio me recordó a ti, me doy cuenta de lo mucho que te echo de menos Nat, que aunque hayamos tenido diferencias, el verte evolucionar y saber que estás bien me provoca satisfacción y orgullo (cosa que no siento con casi nadie) me hace sentir que te quiero y que no quiero que salgas de mi vida nunca, que te admiro más de lo que te habré hecho saber , que me faltan tus puntos de vista sencillos, resolutivos e inteligentes, y echo (echamos) de menos la alegría de tu compañía.

    Eso que dices de la vida adulta, ya sabes que lo padezco cada día, la vida adulta es mecánica, inerte y repetitiva, pero cuando me acuerdo de ti y de las noches de copas y charlas por Madrid, se me viene un aire de juventud y diversión a la mente y me consuela saber que me quedé con algo de aquella época.

    Pues eso, que tu ausencia retumba cada vez más en nuestras cuadriculadas vidas, vuelve pronto! no cumplirás 26 hasta que no llegues a Madrid y nos demos un gran abrazo

    Muchos Besos!

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