Midtown, los arrabales

Mi nombre es Juan Pérez, yo fui el soldado desconocido. En todas las bocacalles de esta ciudad se levantan monumentos para cantar mi memoria. Enormes cajas de ladrillo donde encauzar la periferia, dibujan pasillos sin nombre, quinta, veintitrés derecha, ciento dieciocho izquierda, en este polígono industrial construido de anaquel sobre anaquel. Mi nombre es Juan Pérez y vivo en un galpón cualquiera del extrarradio, Midtown, New York. Yo nunca fui amigo del orden, iba saltando de casilla en casilla, ora peón, ora la torre Metropolitan coloso desenfocado siempre en las fotografías. Alguien en una carreta pasea las piezas coloridas, de la octava a la duodécima, de Houston a Lexinton av, altura donde el vértigo se convierte en corredor, recreo de vendavales,  y un niño borracho y caprichoso levanta la siguiente altura de megablocks. La sombra del Empire State es alargada.

Mi nombre es John Smith, de los Smith de la periferia, Mitown, Nueva York. Yo tuve un centro que ya no aparece en los mapas. Lo derribaron. Y en el fondo una tumba donde se ve el mar, y una inscripción, y dentro una colonia de huesos y una calavera sin sonrisa, y en el hueco donde la sonrisa una baldosa kilómetro cero, y encima una Notre Dame de musgo amarillo. Yo tuve un centro, no era un gran centro pero los hombres lo miraban y después cantaban.

Mi nombre es Jun Li, yo soy el soldado desconocido justo antes de desertar. Ahora paseo un cuerpo sin equilibrio por los suburbios de Nueva York, fifh avenue, elegía de píxeles. Escribo números en las veredas, relleno las celdas de este enorme libro de cuentas donde han de quedar fijados los impagos del mundo a todos los Juan Pérez, los Jonh Smith que fueron arrancados de la cuna en mitad de la noche para ser entregados dulcemente en las manos de alquitrán de las nodrizas del progreso.

Yo tuve un jardín, y en el centro un reloj de musgo detenido que señalaba el campo batalla. El frente. La puerta de salida. Mi nombre es Jeanne Mohamed Salem, yo fui el vientre de las generaciones. Partisana de cabotaje escondida en las bodegas del hambre, escaladora de poniente hasta los arrabales del mundo. Desmadejo las calles del Midtown, acuno junto a mi pecho a los peregrinos del ensanche  que lloran los alcoholes del mediodía, y recitan con acento extranjero la lista de galones, las guerras perdidas, los nombres olvidados en las lápidas.

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