¿Qué somos?¿Bovaríes o Raskolnikoves?

Duermo casi todo el día, no escribo (estas pocas líneas me resultan ahora mismo una heroicidad), miro la montaña de papeles que son el apopléjico boceto de mi novela con culpa y casi con inquina. Cada vez creo más en el efecto de mímesis que produce la literatura; estoy leyendo Madame Bovary. Era una asignatura pendiente, sabía que me iba a parecer bueno pero que no me iba a entretener. Lo confieso, salto párrafos enteros de descripciones, mis ojos huyen hacia la trama como quién, atrapado en una ciudad oscura y norteña —es decir, fría— busca resguardarse siempre bajo la luz cálida de una farola. Pero el hecho es que poco a poco voy convirtiéndome en esa mujer ociosa que gasta las horas entre libros que tampoco la enriquecen demasiado y, en mi caso, dosis insalubres de Facebook y sitcoms, esa mujer, por qué no decirlo, que prefiere fantasear con el sexo que salir a buscarlo. Esa mujer, al cabo, que prefiere fantasearse una vida que salir a buscársela. Hoy mismo, he vuelto a eludir esa responsabilidad que yo misma me he inventado y que con tanta gravedad eludo: la novela, para irme a un centro comercial a mirar infinitos expositores de ropa y libros. He gastado horas entre probadores y pasillos y hasta por primera vez he comprado con dinero de plástico. La moraleja de todo esto es que no hay moraleja. Lo que sí que hay, y es muy socorrido, es una frase de Piglia en alguna parte que me fascina. La voy a buscar. Aquí la tengo:

«Habría que imaginar a Madame Bovary como Raskolnikov para que las cosas mejoraran.»

Y tanto. También dice Piglia que todas esas novelas del siglo XIX con mujeres que se suicidan son cuentos de hadas que se cuentan entre hombres durante largos viajes en tren. Ya pueden ser largos esos viajes, cuatrocientas páginas más o menos. Celerino decía (lo leyó en alguna parte) que no le gustaban las novelas gruesas porque era como que viniera un amigo y te dijese «¿Tienes dos días?, que te quiero contar una cosa». Mientras espero a Celerino que está haciendo la maleta en Buenos Aires a cincuenta y siete preguntas por hora vía facebook (hemos chateado más estos tres días que en siete años), pienso en que se podría dividir a las personas en Bovaries y Raskolnikoves. Pero qué más da, cuando yo leí Crimen y Castigo me convertí, durante unos meses, en Raskolnikov, quién sabe cuánto va a durarme este rollito lánguido y afectado de dama provinciana con aspiraciones… Alonso Quijano se lo montó mejor, a la larga se creyó caballero porque al parecer lo más que leía eran novelas del género, lo nuestro, lo mío, es condenarse a la personalidad múltiple.

Lo bueno de que esto sea un diario es que no siento la presión de tener que llegar a alguna parte. Así que me marcho y ahí os dejo el hambre de conclusiones

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2 thoughts on “¿Qué somos?¿Bovaríes o Raskolnikoves?

  1. parece una decisión poco trascendente la de elegir lectura… cuando de pronto me sorprendo estos días pensando en términos de joaquin font, o ulises lima.
    a ratos, podría incluso ser natalia.

  2. Muy bien escrito Natalia. Una reflexión bien explicada. A mí me pasa lo mismo, escribo poco, casi nada. Por dejadez y el jodido FB. Y es que se necesita mucha autodisciplina para escribir. Mucha fortaleza de carácter. Un trabajo difícil . En cuanto a los personajes que nombras, no se sí captas la esencia de m. Bovarie o es que yo jo he leído crimen y castigo. Parece que pasas de puntillas por el personaje y la novela…

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