Los territorios

Hay días en que me estaciono en el centro del caos. Cuando me despierto así, imposible controlar y dirigir hacia algo productivo toda esa efervescencia. El resultado de mi mañana bebop son 13 tweets, algunos de ellos extraídos de La revolución de todos los días, un puñadito de notas heterogéneas en el cuadernito de espiral, una entrada en el blog, y el esquema de un capítulo de la novela que a cuento de qué. Quién sabe.

No sé si será una mezcla de desidia y café. La soledad, la ventana. Llueve intermitente, motitas frenéticas blancas temblando tras el vidrio. El orden de los adjetivos que, desde luego, altera el producto.

De pronto, tumbada en la cama, comiendo techo, se me hace imperiosa la necesidad de tener una brújula, de repente se me hace muy necesario saber el lugar que ocupo y hacia dónde estoy mirando. Será la sospecha de que el caudal del río anda ascendiendo por la cuenca, contra toda ley de la física, hacia su curso superior. Esas falsas certezas me aterran, por encima de las tragedias naturales y antinaturales, la imaginación del desastre sin asideros. Si la gravedad anduviera invertida, ¿soñaríamos con la tierra firme, inalcanzable sobre nuestras cabezas.

También he leído a Giovanni Collazos y un poquito de Cortázar. A lo mejor es eso.

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