Celerino y yo nos escribimos cosas

«La poesía es un azul, que bien mirado, podría ser rojo»

«Las palabras no tienen que decir algo, pueden decirlo TODO. Sigo preso de mis anhelos de absoluto. Triste y maravillosa derrota.»

«Nuestra relación no es platónica. Es poética. Mejor, directamente, es poesía. Eso no excluye nada, incluye todo. Lo único importante es que no se puede explicar, pero tampoco se puede dejar de pensar en ella. Fascina, moviliza.»

«(Words are very unnecesary). Si tuviera que elegir una, me gusta la palabra fervor. Pero podrían ser otras.»

 

No sé por qué estamos tristes después de estar muy contentos, como si la felicidad fuera cosa de mareas, un tira y afloja que no entiende de puntos medios, como esos funambulistas a los que no les basta estar plantados encima de la cuerda, sino que tienen que oscilar, columpiarse hasta cortarnos la respiración.

Ayer estuve muy contenta, sobre todo por la noche. Mis compañeros son, no solo brillantes, sino que terriblemente humanos, lo que, si me permites la paradoja, es una cualidad mucho más excepcional. Me hicieron sentir muy acompañada, en mi primer cumpleaños lejos de casa y de la familia. Incluso la gente que no conocía me saludaba por mi nombre en el bar y me deseaba cosas buenas, de corazón, con muchísima intimidad. Esa sensación, aunque estuviera hinchada por los alcoholes o el exilio, era real, porque lo bueno de los sentimientos es que siempre son reales, da igual lo que los motive (ahí sí puede haber mentira pero es un plano tan alejado que es absurdo decirlo).

Yo ahora siento mucho amor, y un poco de pena. Estoy enfadada conmigo misma por sentirme así, no encuentro razones de peso, pero ahí estoy. He decidido dejar de ignorar esas cosas cuando sé que no están fundadas, aún con todo están ahí, una angustia pequeña que lo contamina todo, algo así como una nostalgia, no sé.

Aquí estoy descubriendo lo que es la soledad, y una cosa graciosa que se me ha revelado —Te parecerá una tontería — es que en soledad nadie miente. O al menos diré que me cuesta pensar en alguien que, estando completamente solo, ensaye una pose, del tipo que sea (si no es para usarla en público). Y aún así las personas hacemos cosas rarísimas cuando estamos solas, sobre todo periodos prolongados. Yo misma, por ejemplo, me encontré el otro día mirando fijamente una pared blanca, de pie en el punto medio de mi habitación, buscando que en esa pared apareciera algo, una idea o una imagen, como si pudiera desprenderla de ahí igual que la cal vieja. No estaba pensando, estaba esperando ¿Entiendes?

No sé por qué digo todas estas cosas, supongo que trataba de contarte un poco cómo es mi vida aquí. Oscilando como el funambulista, como la alegría y la pena, entre una obligada y agradable convivencia con el prójimo y la mayor de las soledades.

Luego estás tú, amigo invisible, siempre, siempre. Creo que si no existieras tendría que inventarte, a eso me refiero con lo de amigo invisible. Tu carta, el amor y la poesía. Una vez ibas a decir algo y antes de hablar pediste disculpas de antemano: «Decirlo es arruinarlo», dijiste. Pues eso, la poesía, ese decir que no arruina, que es todo alrededores, que nunca acierta en el centro y por eso es un grandísimo acierto. Porque decirlo es arruinarlo solo diré que estoy de acuerdo, suscribo todas tus palabras, etcétera.  Y que te quiero, Celerino.

Me gusta fervor, me parece una buena palabra, una de esas que se merecerían un tatuaje, sin que quedara grasa o demasiado altisonante. Suena mejor que amor, por ejemplo, y me parece mucho más precisa, porque qué es sino fervor eso que nos sale cuando nos ataca ese «rayo que nos parte los huesos y nos deja estaqueados en mitad del patio». Desde ese momento solo sentimos fervor, lo queremos con fervor o lo odiamos con fervor, sin puntos medios, como el funambulista. Otra cosa que he aprendido de mí es que no soy la amante apacible y sosegada que creía, al menos ya no lo soy más. Quiero de una manera desquiciada, Lucas, como te quiero a vos ahora mismo, por ejemplo. Si estuvieras aquí delante seguramente te mataría, o me mataría yo. Solo de pensarlo me da vértigo. Por eso siento amor y pena, pena de mí misma, porque no entiendo que si a mí me pesa tanto aquí dentro no le pese al mundo. Los hombres aman, cómo puede ser que los hombres vayan por ahí amándose y estrujándose las vísceras de amor y nadie haga nada. Tanto fervor y tanta ignorancia. Pero otra cosa que me tranquiliza de tus palabras es eso sobre la poesía, que no se explica pero tampoco se puede pensar en otra cosa. Quizá entonces no tenga de qué preocuparme, quizá solo sea natural y yo recién empiezo a aprenderlo.

No sé, ahí lo dejo.

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