Cómo leemos

Encuentro que entre las infinitas maneras que existen para enfrentarse a la Literatura hay cierto esquema recurrente que, si bien, como todas las simplificaciones, es insuficiente, sí ilustra bien mi experiencia lectora.

Una primera horquilla representa la forma puramente ociosa. Aquí se goza del ejercicio de lectura como una experiencia puramente sensible. Dentro de la misma confluyen dos vertientes: por un lado el regocijo de la narración que atrapa, la ansiedad amable que produce la concatenación de unos hechos narrados que llevan del primero al siguiente y así en lo sucesivo, hasta descubrir qué le pasará a tal personajes o cómo se resolverá tal conflicto. Y por el otro, el goce espiritual de determinadas estructuras más o menos líricas que agradan por el mero aunque nada desdeñable hecho de estar perfectamente construidas, menos útiles que sabrosas.

La segunda vertiente sería la del filólogo, teórico o investigador. Esta se ejemplifica muy bien con una imagen aprendida de un pintor que acabo de conocer. Él dice que cuando el público se enfrenta a un cuadro trata de hacerlo con distancia, para entender el total de la obra artística, y el mensaje, referencial o abstracto, que quiera transmitir. Sin embargo el pintor se acerca tanto al lienzo que parece estar oliendo las tintas. Se encarama al cuadro y trata de averiguar cómo está hecho, la técnica, por qué funciona. Sucede igual con la literatura. Uno busca las costuras del libro, cómo está cosido. Cuál es el método que el autor ha urdido para que, en el mejor de los casos, su edificio se sostenga de una forma tan sólida y a la vez tan liviana.

La tercera forma y la más impúdica es la del escritor novel. Cuando se sobrepasa esta frontera es terriblemente difícil volver a disfrutar de la obra de arte. Porque la motivación de este tipo de lector es la envidia y el desafío. Una lee a los escritores que en su momento le despertaron la pasión por la literatura y esta vez trata de derrocarlos. Yo también puedo hacerlo, o todavía no, pero me molestaré en acercarme tanto a tu obra que acabaré manejándola como propia y entonces habré vencido, porque tu obra está ya culminada y la mía progresa desde la adolescencia. Así piensa el escritor cuando lee, midiéndose con el autor consagrado, trata de destronarlo usando sus propios escalones. Y esta es la única forma de que tiene la, perdón por el término, Historia de la Literatura para progresar. Asumiendo unas cotas de vanidad y de furia nunca antes alcanzadas. Puesto el testigo de la ambición de un hombre, venga otro a pisotearlo para morir apenas un poco más allá. La literatura es una sucesión infinita de golpes de estado. Y lo peor que le puede pasar, es que le llegue la democracia.

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One thought on “Cómo leemos

  1. Ojalá se pudiera escoger la forma de leer. Si pudiera elegir, no saldría de la primera. Pero lo terriblemente difícil no es imposible. Es otro desafío.

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