Tramontana

Baja la Tramontana batiendo baldones como un golpe en la frente. Y así por ella silba de la madera hueca su entraña, que alberga denso el vacío. Toda la casa canta su sinfonía de viento ladrillo para corredores vetustos. De la calle recoge pequeñas juanolas guijarro y las lanza contra el expositor del pan. Y en los límites rompe en dos el océano separando el azul de la espuma. Quién pasará cuando pasa este viento furioso.

Todos nos agitamos vegetales despeinados atendiendo a la friega de nuestro presente inmediato; el viento se va llevando al mar del sur las últimas faltas. Marineros desorientados de tanta pureza se amarran a las quillas de sus barcos y se ahogan. Ahora canta la gaviota, pájaro malquerido, una canción de trompeta ensordecida por el faldón invisible de las corrientes. Toda la ciudad presencia la carrera de nubes. Los niños se extienden como alas a hombros de sus adultos. En suma, será una semana triste para los sombreros.

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