Si es por eso, que no quede

I

Yo no sirvo para twitter. No diré tanto como para decir: no sirvo para este siglo. Me adapto bastante bien, qué me adapto, aquí nací. Pero escribo en largo palabras que van a enroscarse en los brazos como las alimañas del agua lo hacen en la roca y los tobillos de los bañistas. No sé la elipsis, miento casi todo el rato, aprendo palabras de memoria y altero o extravío sus significados.

II

Tengo un pequeño decálogo incompleto que olvido a medida que ensancha, van tres:

1 – De las palabras, su peso específico es lo más importante: que la prosa no esté llena de aire.

2 – Que aún así flote.

3 – Tu lector es igual de tonto que tú, si no menos.

III

Vuelvo a presentarme, no he hecho nada, mi currículum se engorda a fuerza de dobles espacios. Pero aparte soy la prueba viviente e irrefutable de que sin haber hecho nada puedes haberte visto en los diarios dos o tres veces. Una fotografía, tres preguntas mal respondidas que me perseguirán siempre, dos cartas al director, una contra la caza furtiva en la ciudad, otra por una ráfaga de humo gris y viejo que llegaba del este.

IV

Estoy aprendiendo a odiar. Odio a los políticos, odio a los intelectuales, a las personas frívolas, a los militantes ortodoxos y también a la gente templada… más otro largo ramillete de etcéteras. Llevo tiempo en la carrera del odio, ya deben estar por licenciarme.

V

¿Os habéis parado a pensar que en algún momento usar facebook será retro? Tus nietos le dirán a mis nietos: Venga, tron, que te crees más guay porque usas una foto de perfil bi-di-mensional. Y nos pedirán nuestros teléfonos para hacerse fotos a 135 pixeles por pulgada.

VI

En mi mesa de noche hay un insecto precioso, no puede volar pero yo en seguida he preferido pensar que se queda para hacerme compañía. Las preposiciones deberían ser intercambiables, todas ellas, así solventaríamos el tema de la creación lingüística hoy encorsetada en la pura adjetivación rocambolesca y la hipérbaton. Las alas de mi bichito zumban de regocijo con mi comentario. Zzzzz…

VII

Cuando suspendí fonética mi tío me dijo con tono de haberme sorprendido en una mentira: «¡Ahá! ¡Esas son las matemáticas de tu carrera!». Pero lo que yo no le dije, porque no se me ocurrió, claro, es que la fonética es la educación física de la lengua. Dispénsenme el chiste.

VIII

Mataré al bichito antes de quedarme dormida, estoy segura que de no hacerlo él acabará conmigo. Su zumbido es ahora una disfonía de rabia.

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