La república

Su bajestad supura ennegrecidas lágrimas de rabia y desorden

qué bellas tus piernas qué bella esa forma de decir «mañana»

Al tiempo que el guijarro muerde en un fango que hace transitable

un camino de nada un camino de precio pequeño  hasta un sitio

no demasiado lejos allá Cuántas promesas para tan poca tierra

Su bajestad recibe las cartas mataselladas desde el extranjero

todo extrarradio y duerme en un sueño de cuervos

Mientras  el ronquido persistente de la tortuga

marca el ritmo al que mueren de los monarcas

No cejan las fronteras suicidas se lanzan desde los despeñaderos

el mundo se ensancha su bajestad su bajestad todo su reino Mediocría

está por desvanecerse.

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