Exilio

De alguna forma sí es exilio, porque soñamos con volver y no encontramos la manera. Es exilio en lo que sentadas en las barras de los bares no sabemos hablar de otra cosa, España, Argentina, Puerto Rico… de lo que allí pasa, de lo que dice la prensa, de lo que nos cuentan las amigas y los mentideros. Es exilio si no nos cansamos de hacer planes de huida, y cuando se nos agotan los planes nos quedamos muy serias mirando al otro lado de la barra, como quien observa el mar, el ciclo migratorio de los pájaros. No es exilio, dicen, porque no hubo guerra, pero –sea o no sea– claro que sí hay la guerra, la de a diario, y el miedo, la guerra con que nos ganan el miedo de volver a quedar como salimos, con dos maletas de ropa frente a las puertas abiertas de la nada.

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UNA VEZ

Lo quería yo mucho, mucho y muy mal.
Como una pirómana
cuya única alternativa para ver el fuego
fuese quemarse a lo bonzo.
Así de mal, y de tanto.

Menorca, finales de julio

Vuelvo a mis viejos diarios y me aterra encontrarme con mi antigua grafomanía. Escribía sin grilletes y con una falta de pudor que rozaba lo insensato. Y lo que asusta es que toda esa copiosidad e incontinencia hayan desaparecido. Y cómo he perdido, también, el hábito de la metáfora. Esa prosa juguetona sobre la que tantas promesas me hice (y me hicieron) agoniza hoy, frígida la lengua rompe en sollozos secos. Antes conejitos, una fiesta del hablar por hablar, hoy burbujas de ceniza que a duras penas consigo hacer romper en la orilla de la boca. Voy por este andar el tiempo que es un cegar uno a uno los muchos pasillos del laberinto y me pregunto en qué doblar la esquina desbaraté mi talento. Yo que hacía fueguitos con un chiscar los dedos y alimentaba su hoguera entre la pequeña caverna de mis manos de solo susurrarles tontas brujerías. Y creo, al cabo, que la vida es un juego que, cuando se pone uno a jugarlo en serio, pierde toda la gracia.

Solvencias

La poesía destruye la prosa

la prosa el verso

la academia ataja la metáfora

la consecuencia disuelve el vuelo

la ideología encorseta la lírica de lo impensado

“Tengo [treinta] años.

También mis ojos tienen [treinta] años”

Cada palabra erige una frontera

y aun así…

Roto

Así en la ciudad las ciudades

como llenas de ángulos

espejos / puertas giratorias

calles de escuadras techos

quebradas cayendo cayendo

banqueros, digo, vergüenzas

rotos los

versos los cuerpos decía

y Broadway como una tijera extendida

un hombre sostiene un cartel que dice

“Broken”

y no dice otra cosa

dice roto

o quebrado

y en Baires uno

a otro que pide y no dice nada

le dice

¡Salí, negro roto!

en mayo avenidas

los cuerpos de Evita

que vuelven deambulan

de verde banderas al cuello

que gritan

se rompen

la voz las mujeres

vomitan – borrachas – alegres

“Quebraste” se dicen

Banderas balcones colores

donde hace memoria la muerte

Madrid de felices cadáveres

viniendo y viviendo, bebiendo

“Me parto”, se dicen

los gatos, las gatas, les gates

riendo

Se rompe el dinero o se quiebran las gentes

me parten, se parten, by breaking the silence

en mudos carteles los mundos del aire

Mira, está nevando

Te regalo la nieve de mi ventana

la ventana y su imagen por donde

se desgrana el aire de su espuma

como las cuentas de un rosario

como pequeñísimas uvas de sal

como estos copos que a ratos no saben caer

y se alzan, o flotan detenidas frente al vidrio

Mira, dicen que a la nieve doesn’t give a soft white damn

whom it touches,

mejor quédate con esa sensación de cielo en la cara

porque, aunque no pesa la nieve, duele guardar la lluvia

Naranjas, había.

Naranjas.

Y a veces azahar.

Y las gentes andaban

bajo un cielo verde de planetas soleados

hasta que les llegaba el hambre

Alargaban las manos para tocar con

los dedos los astros

que se les derramaban por la comisura

como ríos de bronce

y de óxido

Pero llegaron los hombres de los mil brazos

ramplones

a hacer de naranjas dulces de azúcar

y les colgaron letreros de albura

con números de una sola cifra

a veces de dos

Entonces, naranjas en las calles

y dulces de naranja en los puestos de las calles

Al principio las gentes creyeron entender

felices, variadas, naranjas para el hambre

dulces de naranja las tardes de los viernes

Con el tiempo La fruta escarcha

El árbol nudo

Y un repiqueteo de van y vienen

las monedas de cobre tocando a muerto en los bolsillos

Cae de bruces en la plaza el primero de los enfermos y un rayo

de sol salvaje se abalanza con inquina sobre el surco

que ha dejado en el cielo verde la más temprana traza de la escasez

Mas no lo vieron las gentes que

por entonces

hacían ya hilera a las puertas de abril