Mira, está nevando

Te regalo la nieve de mi ventana

la ventana y su imagen por donde

se desgrana el aire de su espuma

como las cuentas de un rosario

como pequeñísimas uvas de sal

como estos copos que a ratos no saben caer

y se alzan, o flotan detenidas frente al vidrio

Mira, dicen que a la nieve doesn’t give a soft white damn

whom it touches,

mejor quédate con esa sensación de cielo en la cara

porque, aunque no pesa la nieve, duele guardar la lluvia

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Naranjas, había.

Naranjas.

Y a veces azahar.

Y las gentes andaban

bajo un cielo verde de planetas soleados

hasta que les llegaba el hambre

Alargaban las manos para tocar con

los dedos los astros

que se les derramaban por la comisura

como ríos de bronce

y de óxido

Pero llegaron los hombres de los mil brazos

ramplones

a hacer de naranjas dulces de azúcar

y les colgaron letreros de albura

con números de una sola cifra

a veces de dos

Entonces, naranjas en las calles

y dulces de naranja en los puestos de las calles

Al principio las gentes creyeron entender

felices, variadas, naranjas para el hambre

dulces de naranja las tardes de los viernes

Con el tiempo La fruta escarcha

El árbol nudo

Y un repiqueteo de van y vienen

las monedas de cobre tocando a muerto en los bolsillos

Cae de bruces en la plaza el primero de los enfermos y un rayo

de sol salvaje se abalanza con inquina sobre el surco

que ha dejado en el cielo verde la más temprana traza de la escasez

Mas no lo vieron las gentes que

por entonces

hacían ya hilera a las puertas de abril

El deshielo

Sucede, más o menos,

casi siempre igual

Primero

el calor de julio seca el agua de los embalses

que se apantanan, menguan,

desaparecen y ya es como si

Mira los peces boqueando

Deja en su lugar la memoria seca

de la tierra las caricias se escaman como si

nunca, el polvo haciéndose colonia sobre

las hojas del olivo

Después la nieve ¿recuerdas la nieve?

besando delicada los cristales, sobre el

viento siluetas, la tormenta quería emular

figuras de animales, cuerpos de hombres,

hechizos, mitologías

Y luego el silencio, porque el viento calla y deja

una calma sin lenguaje, cero absoluto,

en la que toda aspiración romántica hiberna

quedísima, entre las rosetas, como una cesura

demasiado larga,

la prisión del hielo sobre sí mismo

allí late la muerte muy débil tu recuerdo

azul ya por entonces ajeno

como si nunca

Y al final, si es que hubiera un final en este

tránsito de circunferencias,

truenan las crestas de las montañas glaciares rotos

y un reguero de palabras que llegan. Al principio,

Goteando    Intermitentes    Como   Disparos   Pequeños

pero pronto en torrente anegando salones y

arrozales mojando los libros que se hinchan como

esponjas haciendo fiordo en la parte baja de

las ciudades y cascada en los rooftops donde

se desperezan del frío las niñas, las amantes,

las primeras golondrinas

Una brizna de pasto, un charco

una grieta abierta en la marisma

y entonces, amor, revoluciones amor,

quiero decir, amor, quiero decir, revoluciones

sí. Como nunca

Altiva, como las más de las ciudades

tumbada contra su espejo el desierto, la noche

Esa forma de temblar la luz y caer desbaratada sobre los cuerpos

hasta convertirlos en paisajes extrañados

Al final del día

tormentas eléctricas sobre el llano

la mochila ligera           las manos simples

la amorosa agresividad de las luces que insisten

Así rebosa el vacío

 

*Este mural, titulado “Hero of the day” fue pintado hace un par de semanas en el Downtown de Las Vegas. Su autor, Sebas Velasco, amigo, antiguo roomate de convento y compañero en la senda del arte y las listas de reproducción punk-ground, me pidió que escribiera un texto breve que lo acompañara en las redes. Este es el resultado, después de una semana de desierto, burlesque posmoderno y euforia capitalista.

 

Desciende atravesando

el denso tabique de la humedad

la membrana por donde abrirse

a un piélago aceitoso sobre el que la ciudad se yergue

Nadie sabe del aire en las almenas, arriba

ensartado en los mástiles

el clima ajeno de los obeliscos

va pensando junto al dolor que la empuja en

los párpados porque no quiere llorar

paseando la fiebre por los acueductos

entre las nubes de moscas que se amontonan bajo las cúpulas

Así, por entre los tragavientos y las ciénagas

derrapa un tiempo que ha sido de todas

el tiempo del Imperio

 

Recuerda

Carreras de cuadrigas y cocaína

la crisis

vivimos la crisis y éramos felices en la crisis

teníamos mil veces veinte años

arrogantes, déspotas, emperadores

Naumaquias, hermosas representaciones de la guerra

sus colegas y ella organizando un mundo en el que

acabaríamos por no caber

Lo que se cae cuando el Imperio cae

es una montaña de soledad amontonada

 

Desciende buceando el silencio caliente

cipos funerarios, debajo solo un trillón de hormigas

Escribimos pesadillas para el futuro porque

no entendimos

que en el futuro estaba solo el

desierto

Mom, ¿a dónde va esa esa gente tan cansada

esa gente sin voz… or, well,

que tuvo voz y ya no habla?

Momy…, momy, mooom

que grita un hombre en el corazón pilar catacumba

de esta ciudad sobre la que vivimos

y yo no miro, momy, no lo miro

para callarle la voz de su alarido

para dormirle el cuerpo el gong

de su cuerpo contra los libros, los pistones

los ipods, el cosmos de tu smarphone

Todo este silencio de ruidos y esta gente

atravesando los trenes como si los trenes

no anduvieran ya en su tránsito

¿a dónde van?

de sol a sol, bajo la tierra

fundiendo el vacío de su voz con el gas de la frenada

trastabillando

echando los brazos al frente al aire viciado del subsuelo

para pedir como quien pide que lo devuelvan de

su constante estar desvanecido

¿A dónde van? ¿y por qué gritan?

Mom…

¿Es que no saben que son mudos,

que no podemos verlos?

Por marzo, niña,

te regalo revoluciones

escaleras al entresuelo de las libres

molinillos de viento

que son para tomarle el pulso a las batallas venideras

que son para poner en marcha los bajeles del futuro

que son para cortar de cuajo las ramas y raíces secas que no

te dejarán ver el sol, que se amarrarán con inquina

en tus tobillos de musgo, que te atarán lianas

al pecho del hombre

Pero revoluciones, niña, y molinillos de viento

para que las cuelgues de tus balcones y como

constelaciones inquietas en el tejado de tus sueños

Por marzo, en un puñadito de viento

la locura de las calles y las estaciones, el tiempo

que todo lo demás ya es tuyo